
Enardecidos, frenéticos y excitantes se observaban,
Captaban la energía del momento y se cosían la mirada.
Juntaban sus palmas con excusas inauditas,
Trataban de mantener la calma en esa noche de pasión.
Sentían la presión en el pecho de tal entrelazo y rogaban morir.
Se esquivaban las miradas, pero las buscaban.


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